jueves, 4 de octubre de 2007

Masoneria y poder

Respetable Logia “Iberia Nº 51”
Valle de Santiago







A\L\G\D\G\A\D\U\









Masonería y Poder



















Cámara de Aprendices
César A. Carvajal Ibarbe
Aprendiz



Masonería y Poder



La historia Europea y Americana, desde fines de la Edad Media, no es más que el relato de la emergencia plena del individuo.

Es un proceso que se inició con el Renacimiento y que tan solo ahora parece haber llegado a su culminación.

Fueron necesarios cuatro siglos para destruir el mundo medieval y para libertar a la humanidad de las restricciones mas manifiestas.

El hombre moderno se halla en una posición en que mucho de lo que él piensa y dice no es otra cosa que lo que todo el mundo igualmente piensa y dice.

Ha olvidado, y/o no ha adquirido la capacidad de pensar, de una manera original, es decir, por sí mismo, capacidad que es lo único capaz de otorgar un significado a su pretensión, de que nadie interfiera con la expresión de sus pensamientos.

El derecho de expresar nuestros sentimientos, sin embargo, tiene algún significado tan sólo si somos capaces de tener pensamientos propios.

Nuestra cultura, fomenta las tendencias hacia el conformismo y hacia la represión de sentimientos espontáneos y, por lo tanto, del desarrollo de una personalidad genuina, para ser exacto, desde la iniciación misma del aprendizaje del niño.( Proceso de individualización).

Quisiera detenerme en este punto. La ética es la ciencia de la conducta que fija fines para el hombre, y estos se clasifican en mediatos, inmediatos y últimos. Los primeros dan paso a los segundos, que es donde se inicia “la perfección individual”, que es el fin inmediato, es decir, poner en práctica las actitudes sociales, afectivas, sicológicas, morales. Muchas son las interrogantes en esta etapa, como también muchas las tentaciones y caminos a seguir. Según la ética Nicomaquea¹, las pasiones, las facultades innatas y las cualidades adquiridas (hábitos), se manifiestan a partir de los siete de años de edad y es ésta etapa y son estos elementos los que marcarán toda su existencia. De todas estas, lo más importante, son las cualidades adquiridas, ya que permite transformar la enseñanza en principios.

La pérdida de la entidad, hace más imperiosa la necesidad del conformismo. Esto significa que uno puede estar seguro de sí mismo sólo en cuanto logra satisfacer las expectativas de los demás. Si no lo hacemos o conseguimos, nos vemos frente al peligro no sólo de la desaparición y reprobación pública y de aislamiento creciente, sino que también nos arriesgamos a perder la identidad de nuestra personalidad, lo que significa comprometer nuestra salud psíquica. Basta con dar una mirada a tanto profesional con “éxito” que ha perdido el rumbo y ha cometido crímenes sin explicación.

Algunos medios de comunicación, aquellos cuya edición está en correcta alineación con lo que más vende, y las débiles estructuras educacionales, lejanos de las luces de nuestra orden, se refieren e inculcan a nuestros niños, tanto ideas vulgares como gustos y tendencias que son de preferencia de falsos íconos valóricos, con la misma seriedad y concediéndole incluso mayor espacio, que a los que tratan sucesos de importancia científica y artística.

A raíz de todo esto, finalmente, nuestros hijos y los hijos de la sociedad dejan de interesarse sinceramente en hechos de real importancia. Con todo esto dejamos de animarlos y excitarlos, sus emociones se ven dificultadas y con el tiempo la actitud con respecto a lo que ocurre en el mundo, va tomando un carácter de indiferencia y chatedad. Ya no los sorprendemos con tanto homicidio y tanta mentira. Para ellos es normal.

El hombre moderno vive bajo la ilusión de saber lo que quiere, cuando, en realidad, desea únicamente lo que se supone socialmente ha de desear.

¿Como ha de influir todo esto en los hijos de nuestra sociedad? Luego nos extrañamos de sucesos de sangre en los colegios o la forma en que miran la vida y la muerte los niños que empuñan armas no sólo en los colegios de comunas con mayor riesgo social.

.La pérdida del yo ha aumentado la necesidad de conformismo, en algunos sectores de la juventud, dado que origina una duda profunda acerca de la propia identidad.

Nuestra orden nos hace adictos a la superación individual, y por lo tanto, está, por naturaleza, en contraposición al conformismo.

El abandono de la espontaneidad y de la individualidad es la frustración de la vida. Por contraparte, la base de la peculiaridad individual, que a base de mazo y cincel, nuestra orden nos incentiva a pulir, nace en la constitución hereditaria fisiológica y mental con la que el hombre entra a la vida, así como en la especial constelación de circunstancias y experiencias que le toca luego enfrentar.

La expresión genuina del yo, se realiza siempre sobre ésta base individual; es un crecimiento orgánico, el desplegarse de un núcleo que pertenece peculiarmente a una determinada persona y solamente a ella.

Por el contrario, el crecimiento del autómata, ese seguidor de masas, no es de carácter orgánico.

El crecimiento de la base de la personalidad se ve obstruido, superponiéndose el yo auténtico, el seudo yo, formado por la incorporación de todas esas formas extrañas de valores, de pensamientos y de emociones, que enferman a la humanidad.

El respeto por el carácter único de la personalidad unido al afán de perfeccionarla, constituye el logro más valioso de la cultura humana.

He ahí el poder de nuestra orden, un poder que ha trascendido en el tiempo. Un poder que se fundamenta en la victoria de las luchas internas por la perfección ética, moral e intelectual del individuo y de la humanidad y que representa exactamente lo que hoy, se halla en peligro, que es, el respeto por el carácter único con el afán de perfeccionarse.

Descartes, en el Discurso del Método nos hace mención en una de sus cuatro máximas:”...procuraré siempre vencerme a mi mismo antes que a la fortuna o los intereses mundanos, y alterar mis deseos antes que el orden del mundo, y generalmente me acostumbraré a creer que nada hay que esté enteramente en nuestro poder sino nuestros propios pensamientos...”.

Y si lo más valioso de la humanidad, se encuentra en peligro, ¿Por qué no hemos de actuar?, ¿Por qué no hemos de blandir nuestra espada?

Nuestra espada, es la educación y nuestro campo de batalla y suelo fértil de cultivo, son los hijos de nuestra sociedad, nuestros niños, nuestros colegios masones, que debiéramos ver multiplicados como el fruto de la granada. Estos, podrían ver materializados los preceptos más puros de la conciencia moral y la inteligencia cultivada.

Preceptos que bien sabemos y anhelamos inculcar a nuestros hijos y a nuestra sociedad.

Influyamos y mejoremos la sociedad, entonces, actuemos en nuestros hijos, actuemos en los hijos de la sociedad, construyamos más colegios, actuemos como el Poder Silencioso que sólo los iluminados saben seguir.
En mi opinión, he ahí la Masonería, he ahí el Poder Social, he ahí el Poder Masónico.
Q\Q\H\H\





















A\L\G\A\D\U\
S\F\U\



Nota:
Ética Nicomaquea¹, de las éticas o morales de Aristóteles, escritos a su hijo Nicomaco y por esto llamados nicomaquios.

BIBLIOGRAFÍA
- Cámaras de Verano Gran Logia de Chile
- Lecturas de Verano.
- El Miedo a la Libertad Erich Fromm
- Discurso del Método. Descartes
- Plancha “Ética” Q\H\ Francisco J. Zúñiga Sanhueza
Aprendiz
Resp\ Log\ “Caballeros del Templo Nº 180”

A modo de Conclusión

La conclusión de fondo es que más allá de lo que ha hecho o no nuestra querida orden, o que esta haciendo hoy, es invitar a un proceso de reflexión, con foco en mirar cuales son los aprendizajes que en conjunto debemos observar, para resolver las preguntas que hemos planteado en esta plancha, por que quizás más que responder si la masonería tiene o no poder o como la ejerce o que impacto tiene lo que concluimos es que nos falta construir una interpretación común acerca del como, el para que, el cuanto ,en cuanto tiempo, por que los porque creemos atisbarlos, desde donde hoy estamos, y no podemos más que seguir construyendo convicción en que son los principios que debemos velar y cultivar, pero nos ser más parte, nos invade un sentimiento de querer ver en forma paralela al trabajo de formación simbólica y de crecimiento personal, también existe una reflexión permanente entre el discurso y nuestro compromiso institucional con el país.

No nos sentimos en lo más mínimo con la autoridad para proponer respuestas pero si para proponer preguntas: que nos falta como institución?, que impacto tienen nuestras acciones institucionales?, de que manera participa toda la institución en ellas?, los paradigmas desde donde miramos son los que nos van a iluminar o nos ciegan?. Como conciliamos tradición y futuro?.

Por último agradecemos esta instancia que nos brindan tan generosamente. Y queremos compartir una reflexión final. Como no solo nos cultivamos en ser guardianes del pasado si no constructores de futuro, movernos de lo especulativo que hoy podría estarse convirtiendo en un espacio de comodidad y rigidez y volvemos por que no decirlo a lo operativo y a exponer nuestras identidades personales y colectivas por el bien común de nuestra sociedad y querida patria.